DEMBA - TU GUÍA EN SENEGAL

Esta es mi historia sobre cómo me convertí en guía de españoles en Senegal

Tres turistas madrileños llegan al aeropuerto de Dakar, les espera un guía contratado a través de un turoperador. El guía se llama Demba. Cuando le ven le saludan alegremente: Hola. Demba habla francés, wolof, diola y se defiende en inglés e italiano pero es la primera vez en su vida que oye la palabra hola.

Demba llama a su jefe en el turoperador para decirle que él no sabe español y no puede hacerse cargo del grupo que acaba de llegar, su jefe le da largas. Los españoles le animan: ya verás cómo nos entendemos. Al día siguiente Demba compra un diccionario francés-español y todas las noches al acabar su trabajo se estudia de memoria las palabras que piensa que va a necesitar para hacer su trabajo del día siguiente.

Sorprendentemente, la historia acaba bien, los españoles quedan tan contentos con los servicios de Demba que le promocionan en los foros de Internet y pronto le empiezan a llegar solicitudes de nuevos viajeros. Al principio, sólo puede comunicarse con ellos mediante correo, por el engorroso método de traducir una a una cada palabra. El flechazo entre Demba y los españoles es inmediato.

Demba está harto de sacar por algunas horas a los turistas de sol y playa de sus burbujas en forma de hotel de lujo y pasearles a vista de autocar por un país donde la miseria es fotogénica. A los españoles nos llaman los “todoterreno” porque nos adaptamos a todo y no dejamos escapar la oportunidad de conocer, aunque sea un poquito, al terreno que nos rodea.

Pero no nos engañemos, el turismo con Demba no es el llamado turismo solidario donde los niñatos de buena familia pagan cantidades a veces exorbitantes por pintar fachadas de casas ruinosas o dar inútiles clases de español a niños de un territorio perdido de África o Asia.

Es turismo del de verdad, del que disfruta con una buena comida o una buena playa, del que no desdeña un bonito paisaje o una espectacular puesta del sol, pero también del que, al mismo tiempo que hace todas esas tan lúdicas actividades, tiene tiempo para hablar con el camarero o con el dependiente del mercadillo, o para visitar una escuela y dejar que se te arracimen los niños en los dedos de tus manos o para convivir, aunque solo sea un ratito, con la familia del chofer, los numerosos hermanos de Demba o la familia más pobre del rincón más perdido de África.

Y a partir de aquí, estoy a tu servicio para enseñarte el auténtico Senegal

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